EL CRISTO DE LA LAGUNA REGRESA POR NAVIDAD AL SANTUARIO

Con motivo de las fiestas navideñas, el equipo responsable de la restauración de la Sagrada Imagen del Santísimo Cristo de La Laguna realizará una pausa en dichos trabajos hasta el próximo 8 de enero de 2012, dando así cumplimiento a lo acordado en la reunión celebrada el pasado día 5 de diciembre, entre los técnicos encargados de los trabajos de restauración y la comisión de restauración creada al efecto por la Pontificia Real y Venerable Esclavitud.

Aprovechando esta circunstancia y que estamos precisamente en estas entrañables fechas con sus tradicionales celebraciones religiosas, la Junta de Gobierno de la Pontificia Real y Venerable Esclavitud, en perfecta coordinación con los técnicos responsables de la restauración y el beneplácito del Obispado de Tenerife, ha decidido que la Sagrada Imagen retorne a su posición habitual en el retablo mayor de su Real Santuario.

Por ello la Pontificia Real y Venerable Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna se complace en comunicar que la Sagrada Imagen estará de nuevo al culto y la veneración por parte de todos los fieles que lo deseen, desde el próximo 23 de diciembre de 2011 (viernes) y hasta el próximo día 7 de enero de 2012 (sábado), en los horarios habituales de apertura de su Real Santuario.

Igualmente se informa que, durante todos estos días y en los portales del Real Santuario, se colocarán varios paneles informativos con imágenes fotográficas, en los que se ofrecerá a los visitantes una somera información del proceso de restauración y los trabajos que, sobre la Sagrada Imagen, se han venido realizando desde el comienzo del mencionado proceso hasta este momento.

Una Respuesta a EL CRISTO DE LA LAGUNA REGRESA POR NAVIDAD AL SANTUARIO

  1. Trimegisto dice:

    “DONDE DIJE DIGO…”

    Los esclavos de la Real y Venerable no se han hecho esperar. Sin mayor sorpresa para el que esto suscribe se van filtrando en prensa nuevos datos sobre el desarrollo de los tratamientos a los que está siendo sometido el “madero de Flandes”. Y por supuesto, tal y como veníamos anunciando, la información deja ya entrever la intención definitiva que se ha tendido deliberadamente sobre la pieza. Para apaciguar a los fieles se han transmitido falsos mensajes que prometían el mantenimiento de cierto statu quo para con el aspecto resultante de la pieza. Poco a poco, cuenta les trae a la Esclavitud, echan palomas mensajeras con cortas y conciliadoras misivas, ya que lo que no tendría sentido es preparar semejante artillería para que finalmente todo quede en fuego de artificio. Efectivamente, el IRPA no podía justificar una restauración de tapadillo después de todo. Como profesionales que son, eso no lo dudamos, no van a dejar de acometer el potencial rescate de su aspecto primitivo, o al menos su tentativa. Atentos a lo que está por venir: “descontento popular”; “traición al Morenito”; “ese no es el que conocía de toda la vida”; “pasó como en Tacoronte” y titulares o declaraciones semejantes se dejarán oír por todas partes, no sin que sus devotos tengan pleno derecho en pronunciarlas. No insistiremos en lo que se dijo meses antes sobre este asunto tan controvertido. Pero en cualquier caso, no parece decente prometer lo que la gente desearía para no provocar las dudas de los contribuyentes que responden con su peculio a la campaña de recaudación popular.
    El hecho es que sin contar con sortilegios esotéricos nos atrevemos a decir mucho, pero el tiempo nos está dando la razón, y todavía queda para largo y tendido.
    La última noticia oficial, firmada por Barbuzano en El Dia se publicó el 19 de diciembre del declinante año, observándose incoherencias como: “en estos momentos presenta un tono un poco más claro, el mismo con el que llegó a la isla de Tenerife en 1520”
    Vamos a ver, si llegó un poco más claro significa que no estaba del todo limpia en 1520, porque los donantes de la época gustaban de entronizar figuras ex novo con los criterios de anticuariado vigentes en los talleres brabanzones, ¿verdad? La locura al poder de sus respetables señorías. Si se importó desde lo mejorcito de Europa, según el gusto contemporáneo manifestado por la élite hispánica, qué sentido tiene traerla ligeramente betunada por ultramar. No estimamos oportuno aclarar semejantes cuestiones, pero cómo el común de los mortales es para los promotores de esta restauración poco menos que retrasado, hay que convencernos de que visto de esta manera no es para tanto. Luego publicarán otra perorata ensalzando la palidez del Cristo, a suerte de una culturización progresiva de la plebe, que no digo que no haga falta, pero no a martillazos.
    Y para que nadie se atreva a decir que esto no es más que una mera opinión relativa pondremos por delante las catas de limpieza practicadas a priori sobre el madero de la discordia, las cuales revelaron en su día un cambio más que notable respecto al color que estamos acostumbrados a ver. O sea, que eso de que la imagen llegara en el S. XVI “un poco” más clara suena a que lo publicado sí está sujeto a imperativos relativistas. Permítanme otra irreverencia a colación, pero muy gráfica para entender el sutil concepto de pátina: visto de lejos, el semblante del Cristo en los carteles publicitarios bien pasaría por la promoción de la última película de Morgan Freeman. Que aún se permitan el atrevimiento de perjurar que el Cristo seguirá siendo moreno y a la sazón declarar que lo dejarán como lo trajo el Adelantado me parece no ya rozar, sino dar de lleno en el absurdo. Otra cosa es que se opte por una media limpieza, llegándose a un estado intermedio entre su arribada a la isla y el estado que manifiesta inmediatamente antes de la presente restauración. Ahora bien, que no nos quieran dar gato por liebre. Si se ven tantos detalles de la policromía (hematomas, escoriaciones, hemorragias) habrá que apurar un poquito, digo yo. En todo caso este matiz de la limpieza quedará en suspenso hasta la gran “puesta en blanco” de su presentación pública, sin que por ello la información en prensa deje de ser un sinsentido.
    Un juicio personal: dada mi experiencia, a la luz pública toda intervención sobre el patrimonio material manifiesta una tendencia a la polémica, pero sobre todo cuando las intenciones son polémicas. El profesional cuenta “presumiblemente” (siempre hay que decirlo) con todos los criterios a su favor, ahora bien, rara vez se libra de imperativos económicos, políticos, temporales, y hasta cultuales (tratándose de arte sacro) que determinan la dirección de las intervenciones y en consecuencia su desarrollo óptimo.
    En este sentido, hay que declarar que buena parte de los problemas eventuales para una restauración viene de la mano de los mismos promotores, a tenor de arbitrariedades de corte estético o práctico no coincidentes con la ortodoxia profesional. Cuando los que detentan la gestión o tutela patrimonial (o como en este caso los que ilegítimamente se la atribuyen) saben que una restauración será mediática o estará sujeta a una expectación masiva, se establece firmemente, qué protocolo seguir de cara al graderío.
    En esta ocasión se inducirán cambios notables, provocando un rechazo de facto desde el sentimiento popular, por eso se convoca el consenso institucional participante y luego se decide qué dar a la luz y qué ocultar según los intereses derivados. Luego pretenden disfrazarlo con una transparencia más que dudosa.
    Pero en todo esto subyace un problema. Mal andamos cuando respetamos tanto un objeto de culto para una confesión religiosa; tanto como para tomar el pelo a sus crédulos militantes en su nombre. Bien merece una restauración legítima pero sin temor a que no paguen el restante si no les siguen el rollo dichoso del apelativo “morenito”.
    Yo les rogaría a la próxima, que no la habrá después de esto, reprímanse antes de andar mareando la perdiz con la cuestión de marras y pongan las cartas sobre la mesa. Porque si yo fuera un reconocido profesional no tendría ninguna necesidad de supeditar una excelente restauración a una pseudo-restauración determinada por aspectos no científicos o artísticos, renunciando así a una tarea que no implicara el intento de devolución de su imagen potencial óptima, y que en este caso se corresponde obviamente con la primitiva.
    Que conste que aspirar al aspecto original no supone sine qua non la omisión de otras facetas de importante calado para el ideario popular y otras dimensiones antrópicas de sensibles implicaciones culturales; pero nunca se deberán imponer a la definición del Ente Patrimonial porque entonces no se atendrá al marco legal que regula su gestión. ¿Debemos por tanto pretender la descatalogación del grueso sacro de entre los Bienes Culturales adscritos a las competencias nacionales y autonómicas, por el bien de una devoción inmovilista? ¿O en su defecto, declarar inútiles las comisiones mixtas entre administración y titulares? En estos casos hay apelar al sentido común, a la honestidad, al deseo conciliador entre los distintos enfoques de la misma realidad material, y al absoluto dominio de la deontología restauradora para compatibilizar en lo posible el hecho religioso con del hecho artístico, y de ningún modo al revés. Porque entonces estaríamos contribuyendo al relativismo que rodea perniciosamente sobre una profesión cuya utilidad quedará totalmente en entredicho, ayudando a desdibujar aún más la figura del restaurador mientras falsificamos o recreamos un Patrimonio “a la carta”.
    En otro orden de cosas, el slogan mercantil que luce en todos los carteles repartidos dentro y fuera del municipio, reza: “Ahora, Él te necesita” y nosotros añadiríamos “Ayúdale como queremos que le ayudes, que tú opinión importa para lo que nos interesa”.
    Cómo nos ayudas a la Esclavitud y organismos que la amparan:
    - Engañando a los incautos fieles con la imposible permanencia de unos caracteres estéticos que devalúan notablemente la imagen pero que la definen en su piedad popular. Sentimientos devotos estos a los que apelamos para que no la vuelvas a reconocer después de liquidar tu donativo.
    - Tirando tu dinero para pagar a unos profesionales que por no residir en la isla van a gozar de Tenerife a tu costa, cuando sobran profesionales cualificados tanto nativos como residentes que agradecerían que tu capital no fuera a parar a instituciones que no revierten para nada a la economía isleña.
    - Rentabilizando el gasto supuesto en publicitar la restauración y convocar el donativo popular mediante reclamos colocados en numerosos carteles y paneles, como el que encontramos en la salida del Hospital Universitario, del que no dejamos de omitir cierta interpretación perversa apelando a las costumbres piadosas en compensación para con nuestros familiares enfermos.
    - Sufragando una feroz operación de merchandising que dará lugar a las nuevas estampas y artículos religiosos con la imagen actualizada del “no tan morenito” para que tires la vieja y reces con renovado, o mejor, “restaurado” espíritu.
    - Rentabilizando aún más la actuación de los profesionales responsables a través de actividades derivadas, porque seguirán ganando dinero en conferencias nacionales e internacionales del gremio así como publicando artículos o monografías de su restauración.
    - Ayudando a la especulación editorial derivada de la publicación del libro ex profeso, cuyos derechos de autor revierten no se sabe a quién, cuestión bien atada por los promotores de la restauración que dudo mucho no se lleven un pico de las ventas.
    - Prestigiando a una institución que no necesita consolidarse profesionalmente y que sólo puede ser tentada mediante un reclamo económico. Repito, prestigiando, porque del descontento en esta isla atlántica no llegarán si acaso más que débiles ecos a las tierras que riega el Escalda.
    Podríamos seguir pero creo que ya ha quedado claro. Y todo ello con menoscabo de todas las demás devociones de arraigo en Tenerife, incluida La Candelaria.
    Por último, ya empiezan a aparecer opiniones encontradas como la que se incluye a final del artículo referido: “Acerca de la cantidad citada para la restauración, son muchos los que afirman que les parece desorbitada y que con ella afamados imagineros podrían hacer al menos dos tallas nuevas del Cristo.”
    Desearía apuntar dos humildes observaciones al respecto. No somos muchos sino todos menos los implicados, quienes ven un despilfarro ya no impropio para los tiempos que corren, sino para las décadas de bonanza que hemos conocido. Semejante gasto es inédito en nuestra historia para una sola escultura. Es una imagen no un inmueble. Y en cuanto a los escultores que cobrarían 75.000 euros por una talla completa yo estoy barajando algún que otro: qué tal Michelangelo Buonarroti, incluyendo en el precio la invocación por una médium.
    Si les parece irreverente esta última anotación, piensen que más risueños están aquellos a quienes las instituciones les han bailado el agua poniendo por delante el interés común de esta pieza del patrimonio cultural insular. Y como broma parece difícil de encajar con semejante panorama para las arcas públicas y monederos particulares. Si lo que acabamos de proponer es un disparate, me cuesta no menos imaginar qué celebridad de la imaginería tendría el mismo caché que Miquel Barceló, por ejemplo, contemplando que la demanda de tales labores es eminentemente popular. No conozco muchas cofradías o hermandades que estuviesen dispuestos a dejarse tanta piel para una sola imagen por excelente que fuera. Se está hablando de realizar un facsímil, para lo cual los escultores de oficio cuentan con técnicas modernas y tradicionales que facilitan con mucho el proceso. Es decir, que en el hipotético caso de la sustitución por otra idéntica pero de manufactura contemporánea, tendríamos que ceñirnos a un encargo de carácter técnico, exento de las especulaciones económicas comúnmente aplicadas la creación artística de las últimas décadas. Qué me van a contar. En todo caso, tanto si se hubiera decidido su sustitución por una réplica como si no, el ejercicio de una restauración correcta resulta indiscutible, no tanto para su preservación como para la devolución de sus méritos estéticos y su fiel interpretación histórica. Ahora bien, prisa no había, y ¿qué decir del juego al despiste más los costes astronómicos?
    Seguiremos siendo testigos de la previsible sucesión de acontecimientos a través de la información controlada por entes especuladores, que no cesa de reincidir en la premeditada indefinición y hasta en la más absoluta antítesis argumental (accidente este que suele acontecer cuando se desconoce el asunto de disertación).

    Trimegisto. 27-12-2011

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